
Uno convive con los fantasmas, siempre. Los luchadores no desaparecen simplemente a bala y sangre.
Así, a lo largo de la vida de un hombre, se carga con el recuerdo de quienes no están y cada uno de ellos se transforma en alguien que debe vivir en la memoria de la gente a través de uno mismo. Cuando se escribe, como en mi caso, la gente que aparentemente ya no está, va ocupando un lugar en la voz propia. El recuerdo viene, y uno simplemente se hace eco, para salvaguardar la memoria colectiva. "Los otros" dirán que los pueblos son enemigos, lanzarán a argentinos contra chilenos y viceversa, chilenos contra peruanos y bolivianos y viceversa, para distraernos sobre la verdadera ubicación del enemigo.
Transcribo una breve información sobre la matanza de Iquique de 1907, y pueden escuchar de fondo un fragmento de la Cantata de Santa María de Iquique, grabada por Quilapayún (mientras el posteo esté en el tope, luego será borrado).
"La matanza ocurrida el 21 de diciembre de 1907 en la Escuela Santa María de Iquique se inscribe como uno de los hechos más dramáticos de la historia chilena y, ciertamente, como el peor del gobierno de Pedro Montt. Las distintas versiones de los hechos van desde los 140 muertos que en su momento reportó el general Roberto Silva Renard -quien ordenó disparar contra los obreros del salitre, en huelga por mejoras salariales- a los 3.600 que acuñó la famosa Cantata Santa María de Luis Advis. En la novela Santa María de las Flores Negras la cifra es de 3 mil."