Así se dejaba ver en los carteles que afanosamente printeó la dictadura argentina a mediados de los setenta. Los argentinos salíamos a festejar el triunfo en el mundial y mientras tanto el monstruo vagaba por las calles devorando gente que en su mayoría, no volvería a aparecer.
Hemos aprendido mucho los argentinos... ¿Hemos aprendido?
No hay mucho para comprobar en un país en donde corrieron a los negros y mataron a los indios, llegando hasta a pagar por las bolas de cada patagón.
En realidad, creo que todos tenemos la errónea idea de ser derechos y humanos, de no discriminar, pero un análisis a fondo demuestra lo contrario.
Nadie dice: “Fulanito es hetero”, pero todos se apresuran a decir :”Zutano es gay”. ¿A quién le importa lo que cada uno hace en la cama, o en el baño del avión, o en la playa desierta?
Me contaban la anécdota vez pasada de una situación en un chat. Una persona que vive en México utilizó el refrán “la culpa no la tiene el indio, sino el que lo hace compadre”, por cierto equivalente al argentino “la culpa no la tiene el chancho, sino el que le da de comer”.
Un argentino (derecho y humano él) se ofendió por ese lenguaje discriminatorio.
Me gustaría ver si ese dechado de humanidad, llama a Speedy, para quejarse por la actual publicidad en televisión (agosto de 2004), en donde un web navegante, enamorado de Chung Li, o Chulín, esperándola en el aeropuerto, besa a cuanta mujer de ojos rasgados sale de la puerta de desembarco. El mensaje es subyacente, pero claro y discriminatorio, en fin, una basura.

No estoy defendiendo a los mexicanos, claro está, el refrán por antiguo que sea, tiene su buena carga, y tampoco dejo de ver con ojos argentinos (mal) que a los que resistimos a este proyecto imperialista de globalización, en México nos titulen globalifóbicos, uso lenguístico peyorativo, pero uno debe atender a la diferencia de contextos socioculturales.
A alguien que, como yo, sobrevivió al terrorismo de estado, le suena muy mal que le repregunten diciendo “¿mande?”, en vez de “¿me decías?”, pero el “mande” en México es de constante uso coloquial.
En México se distingue a las personas por color, el que es de tez/pelo más claro de la familia, es el “güero”, esto es, claro.
A nadie se le ocurriría ponerle a una cerveza como marca “La Blanquita”, sin embargo los argentinos tenemos nuestro café “La Morenita”, una institución de siglos.
La discriminación está enraizada en las sociedades, nuestros bienamados custodios del Norte son el ejemplo más patético de lo que es la desigualdad social y la discriminación, ellos que son los “paladines de la libertad”...
Yo discrimino, soy consciente, pero tú discriminas, él discrimina... el que esté libre de pecado... buen desconjugador será.