“Lo que está sucediéndole al medio ambiente es un acto violento”, enfatiza la gente de Greenpeace. ¿Su respuesta? No violencia y desobediencia civil al estilo de Gandhi.
Según Rik Scarce, autor de “Grupos Ecologistas: comprendiendo el movimiento ambientalista radical”, Greenpeace comienza formalmente en 1970 con el “Día de la tierra”. Scarce cuenta que sus fundadores, que abrazaron la acción directa desde el comienzo como una cura para el tema ambiental, paradójicamente eligieron un nombre tranquilo: “Don´t make a wave commitee”.

La gente de Greenpeace considera que realmente su organización nació en 1971, cuando su barco rentado “Greenpeace” ingresó con doce personas que se jugaron la vida en Amchitka (Islas Aleutianas) donde los Estados Unidos realizaban pruebas atómicas.
A la manera de Gandhi, basan su filosofía en la no violencia y la desobediencia civil.
“Lo que está sucediéndole al medio ambiente es un acto violento –decía el director ejecutivo Peter Bahouth-, así que no vamos a tomar nosotros esas acciones violentas para luchar contra ello.
Este es un principio fundamental. Es también un reconocimiento de que si tú realizas una acción violenta contra la propiedad una suerte de igual respuesta sobre ti emparejará el score”.
La fundación Greenpeace posee actualmente oficinas en cerca de 30 países, una decena de barcos que recorren ríos y mares para evitar la depredación y la contaminación, con más de mil personas en intercomunicación permanente.
En Latinoamérica, tienen como objetivo detener la construcción de basureros nucleares, mostrar la irracionalidad económica de producir electricidad a partir de la energía nuclear, oponerse al transporte, vertido, incineración y sobre todo a la producción de sustancias tóxicas. Esta labor está relacionada, por ejemplo, con lograr la eliminación del plomo en las naftas, controlar el empleo de pesticidas prohibidos o restringidos en sus países de origen.
Una de sus actividades busca asegurar la preservación del frágil sistema antártico.
UNA DE GREENPEACE
En una de sus acciones, el 21 de julio hace dos años un grupo de diez yates de la “Nuclear Free Seas Flotilla” cruzó el Pacífico para manifestar la oposición del público al traslado de plutonio a través de los mares. Dos cargueros, llevando MOX (una mezcla de oxidos de uranio y plutonio) se dirigían de Japón hacia Inglaterra. La flotilla les cortó el paso, y opuso a la fuerza de las armas del personal de seguridad sus cámaras, para mostrarle a la opinión publica el acto de repudio a transformar el Pacífico en una supercarretera de la muerte. Los manifestantes desplegaron en el mar una pancarta en la que se leía “Nuclear Free Pacific”, que fue dispuesta por dos nadadores, el parlamentario australiano Ian Cohen y Stuart Lennox de Tasmania.

Greenpeace es una organización internacional que afecta demasiados intereses, y como tal sufre ataques que van desde denuncia de desvíos de fondos a bancos suizos por parte de tal o cual directivo, a hechos violentos y directos, como el que afectó a su buque insignia “Rainbow Warrior” (nombre que fue tomado de una profecía de los aborígenes del norte del América).
En 1985, el esquife “Rainbow Warrior”, que acababa de cumplir una misión en el Pacífico, fue atacado por agentes del servicio secreto francés en el puerto de Auckland. A través de su infiltración en las oficinas de Greenpeace en Nueva Zelandia, los agentes averiguaron la campaña de protesta que Greenpeace planeaba conjuntamente con nativos de la Polinesia contra las pruebas nucleares que Francia realizaba en Moruroa. Dos bombas provocaron su hundimiento y la muerte del fotógrafo holandés Fernando Pereira, que documentaba el viaje y se encontraba a bordo en ese momento. En 1989, en el cuarto aniversario de ese hecho, Greenpeace puso en acción al “Rainbow Warrior II”.
La defensa de la tierra, que es un acto pacífico para beneficio de las generaciones futuras, cobra tantas vidas humanas como cualquier acción que intente preservar los derechos del hombre a la libertad plena, igualdad ante la ley, y una digna calidad de vida.